domingo, 13 de marzo de 2011

representante del relativismo y el subjetivismo

protàgoras:

Según la mayoría de los autores antiguos,[1] Protágoras era originario de la ciudad de Abdera, afirmación sólo discutida por el dramaturgo ateniense Eupolis, quien lo estimaba natural de Teos, en Asia menor.[2] También, con cierto consenso, se indicaba la 84 olimpiada (años 444 a 441 a. C.) como su acmé o época de plenitud,[3] dato a partir del cual, modernamente, se suele fijar la fecha de su nacimiento en torno al año 485 a. C.[4]
Se lo tenía por discípulo de Demócrito,[5] aunque Filóstrato cuenta que también se habría relacionado con magos de Persia en los tiempos de la expedición del rey Jerjes contra Grecia.[6] Se decía que en su juventud había trabajado como cargador,[7] inventando un cojín llamado tyle que facilitaba el transporte de la carga. Según Diógenes Laercio, Demócrito quedó tan impresionado con el ingenio del joven Protágoras manifestó en dicho invento, que decidió adoptarlo como discípulo.[8]
Se contaba a Protágoras entre los creadores del arte retórico,[9] señalándosele como el primero en introducir los razonamientos erísticos.[10]
También se lo tenía por iniciador de la práctica de recibir honorarios a cambio de enseñanzas,[11] siendo estos particularmente elevados.[12] Según Platón, Protágoras habría ganado en su comercio educativo más dinero que todo el reunido por "Fidias y otros diez escultores más."[13] Refiere, también Platón, el criterio usado por el sofista para recibir el pago de honorarios; hace decir a Protágoras: "Cuando [un discípulo] ha aprendido conmigo, si quiere me entrega el dinero que yo estipulo, y si no, se presenta en un templo, y, después de jurar que cree que las enseñanzas valen tanto, allí lo deposita."[14]
Era famosa en la antigüedad una anécdota acerca de un pacto de honorarios entre Protágoras y un discípulo suyo, llamado Evatlo. Habían acordado el pago sólo para el evento de que el aprendiz llegara a ganar un juicio haciendo uso de las adquiridas dotes retóricas. Evatlo, como no ganaba caso alguno, se negaba a pagar. Entonces, Protágoras lo llevó a juicio, diciéndole: "Si yo gano, es preciso que por haber ganado me entregues los honorarios; si tú ganas, por haberse cumplido la condición, también deberías pagarme."[15] A esto se le conoce como paradoja de Protágoras.
Al parecer llevó una vida errante, enseñando durante cuarenta años en las distintas ciudades griegas.[16] Se sabe que visitó Atenas al menos en dos ocasiones,[17] y Platón lo sitúa, ya de avanzada edad, viviendo en Sicilia.[18]
Su relación con los atenienses tuvo dos momentos; uno en que fue bien acogido y mantuvo estrechas relaciones con los círculos de poder de la ciudad, seguido por otro, de repudio y condena.
El primero de los períodos está marcado por su amistad con Pericles, con quien, se conjetura, compartía ideales filosóficos y políticos. Eran famosos los largos debates que solían mantener ambos. En cierta ocasión, según refiere Plutarco, discutieron todo un día a propósito de la muerte del atleta Epitimio de Farsalia; se preguntaban quien había sido culpable de su muerte, si la jabalina que lo hirió, si el que la lanzó o si los organizadores del certamen.[19]
Bajo el alero de Pericles, Protágoras tuvo gran prestigio entre los los atenienses, el cual se vio reflejado en el hecho de que le encargaran la redacción de una constitución para la nueva colonia de Turios,[20] en el año 443 a. C.; texto que estableció, por primera vez, la educación pública y obligatoria.
La filosofía de Protágoras encajaba bien con las ideas del círculo gobernante liderado por Pericles, dentro del cual el agnosticismo del sofista no generaba rechazo; pero una vez muerto Pericles, los nuevos líderes de la ciudad dejaron de lado la actitud tolerante.
Diógenes Laercio afirma que los problemas comenzaron para el sofista cuando leyó, en casa de Eurípides (o de Megaclides), su libro Sobre los dioses,[21] en el cual señalaba desconocer la existencia o inexistencia de seres divinos. A raíz de ello fue acusado de impiedad por Pitidoro, hijo de uno de los Cuatrocientos (Según Aristóteles, el acusador fue Evatlo, discípulo del sofista[22] ). Filostrato señala que no está claro si hubo o no un proceso para llegar a la condena,[23] que algunos dicen que fue el destierro[24] y otros, la muerte.[25] En todo caso, se ordenó que sus obras fueran quemadas.[26] E. Derenne sitúa tales acontecimientos en torno al año 416 a. C., en vísperas de que la flota ateniense marchara en expedición contra Siracusa.
Ya sea para huir de la pena de muerte,[23] o en cumplimiento de la orden de destierro,[27] Protágoras se embarcó rumbo a Sicilia. A mitad del viaje el barco zozobró, a causa de lo cual el sofista murió ahogado.[28] La mayoría de las fuentes señalan que contaba con 90 años,[29] si bien hay algunas que refieren la edad de 70.[30]




obras:



No nos ha llegado ninguna obra completa escrita por Protágoras, pero se conservan valiosos fragmentos en los diálogos de Platón (Protágoras Crátilo,Gorgias y Teeteto) y en textos de otros autores como Aristóteles, Sexto Empírico y Diógenes Laercio. Éste último, en su Vidas, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres, nos ofrece una enumeración de las obras del sofista:
«Los libros que se conservan de él son los siguientes: El arte de la erística, Sobre la lucha, Sobre las matemáticas, Sobre el Estado, Sobre la ambición, Sobre las virtudes, Sobre el estado de las cosas en el principio, Sobre el Hades, Sobre las malas acciones de los hombres, El discurso preceptivo, La disputa sobre los honorarios, dos libros de Antilogías. Éstos son sus libros.»[31]

La lista no contempla tres títulos conocidos a partir de otras fuentes: Sobre la verdad[32] (llamada también Refutaciones o Sobre los discursos convincentes), Sobre los dioses[33] y Sobre el Ser.[34] Bodrero[35] explica la omisión reparando en la frase "Los libros que se conservan de él son los siguientes" y señalando que lo textos no incluidos en la enumeración ya constituían obras perdidas en tiempos de Diógenes Laercio. Untersteiner, por su parte, conjetura que los títulos nombrados en la lista no serían sino capítulos de las Antilogías. Según Untersteiner,[36] Protágoras habría escrito sólo dos obras: Sobre la verdad y las Antilogías. Esta última, que constaba de dos libros, habría estado dividida en cuatro secciones subdivididas, a su vez, en los títulos señalados por Diógenes Laercio.

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